“Nunca quise ser chef, pero hoy tengo mi propio restaurante”

Miriam Chávez fue trabajadora golondrina y también limpió baños en una bodega. Pero un día y por casualidad se convirtió en una cocinera innovadora.

Publicada el martes 29 de mayo de 2018

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Como tantas familias, Miriam con 18 años llegó desde Salta en 1989 con sus padres y seis hermanos, en busca de oportunidades como trabajadora golondrina en Mendoza. Las cosas en el norte no eran fáciles, la crisis golpeaba muy fuerte y nuestra provincia era una de las alternativas para mucha gente.

Miriam trabajó, primero cinco años como golondrina en Mendoza y hasta en Santa Fe con su familia de nacimiento, luego en la limpieza de empresas y bodegas. Laboriosa y cumplidora, la mujer jamás faltó a sus actividades.

Una vez, durante un evento, hubo problemas en la cocina y le pidieron ayuda, con temor aceptó y  se apasionó casi instantáneamente, “ver esas cocinas tan grandes con tantas ollas y utensillos, me encantó”, dijo la mujer.

El tiempo pasó y la bodega tuvo algunos problemas económicos por lo cual Miriam tuvo que buscar otro trabajo. La situación hizo que cayera en depresión, hasta dejó de comer durante algunos días, contó una de sus tres hijas quienes se preocuparon y empezaron a ver las alternativas para ayudar a su mamá.

Con casi 50 años, Miriam tenía que empezar de nuevo para sacar su familia adelante. “La verdad es que después de tanto trabajo, reflexionó Miriam, fue mi hija (Yanina) la fue la que me impulsó a hacer esto”

Nace Atipana

De la crisis a la desesperanza, de la desesperanza a la oportunidad de emprender su propio negocio gastronómico.

La vida de Miriam y sus hijas, Yanina, Jésica y Sofía, nunca fue fácil, pero fue contundente el apoyo de las chicas para que la madre pudiera tomar una decisión y trabajar en lo que sería su futuro restaurante.

“Si hace nueve años me preguntaban si me gustaba cocinar, yo les decía que no”, afirma ahora, pero el tiempo y las cosas cambiaron, la mujer aprendió a amasar, cocinar carnes y buscar alternativas con productos de temporada y regionales.

“Todavía me acuerdo el primer plato de comida que me pidieron, era un arroz con huevo para un turista. Imagínese, para mi un turista era una especie de extraterrestre, no sabía qué comían, me puse muy nerviosa, pero el hombre, que era un artista plástico, me tranquilizó y le preparé su plato”. Desde ese momento Miriam no paró de innovar, hoy en Atipana se pueden degustar alternativas muy diversas, osobucos preparados con un toque especial o choripán envuelto en pan.

A los ojos de Yanina, su mamá es una heroína en la cocina, de ahí el nombre del restaurante ubicado en el Paseo Las Pérgolas de Vista Flores en Tunuyán. “Atipana significa vencer o triunfar luego de una larga lucha, esto en idioma quechua, dijo la joven, y representa todo lo que nos costó tener este lugar”.

“Buscamos los muebles y ya llevamos seis meses trabajando con muy buen resultado, estamos muy conformes con el rendimiento la mayoría de la gente que viene, lo hace recomendada por alguien”.

La especialidad de este lugar es un estilo comida gourmet, pero es fusión, “mi mamá busca productos frescos y de la zona y va variando todas las semanas de lo que esté fresco”.

 

 

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